UNA IGLESIA EN DESCOMPOSICIÓN
La vida eclesiástica está cambiando notablemente: las parroquias se están fusionando Para formar unidades más grandes, el número de personal a tiempo completo está disminuyendo y, a menudo, surge la pregunta de cómo se pueden diseñar los servicios religiosos en el futuro. ¿Creará esto parroquias anónimas y sobredimensionadas que pierdan el contacto con la gente? ¿O acaso la reorganización también ofrece oportunidades para organizar la vida litúrgica de manera diferente?Hoy en día, la relación de las personas con la iglesia es diferente a la de hace apenas unas décadas. La parroquia local ya no es automáticamente su hogar espiritual. Algunas personas buscan específicamente servicios religiosos donde más les gusta o se ajusta a su forma de vivir la fe. Las iglesias siguen siendo lugares que fomentan la identidad en los pueblos, especialmente en las zonas rurales, el campanario suele ser uno de los últimos centros de la vida comunitaria. Por ello, resulta aún más doloroso cuando las iglesias son abandonadas o los lugares de culto cambian.
Es curioso como muchos obispos se han desentendido de las posibles vocaciones y, si alguna aparece, es más un problema que una solución. Los obispos se centran en marear continuamente a sus sacerdotes con continuas reformas parroquiales que impiden su actividad normal y sufren una avalancha de reuniones continuas que agotan sus mermadas fuerzas. Ahora estamos buscando lo que llaman «nuevas formas» que mantengan viva la liturgia incluso sin celebraciones eucarísticas regulares, y suprimir la Eucaristía como centro de la práctica eclesial
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