Ramón Roal

León XIV abraza la «dignidad humana» modernista para sepultar la pena de muerte

El 24 de abril de 2026, León XIV envió un mensaje a la Universidad DePaul de Chicago reafirmando que «la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera tras crímenes muy graves». Lo presentan como doctrina de misericordia. Es, en cambio, la consolidación de una ruptura con la enseñanza divina que arranca del Vaticano II: la misma lógica que en Dignitatis humanae §2 garantiza la libertad religiosa al que rechaza la verdad revelada protege hoy al criminal de toda pena capital.

La enseñanza perenne es inequívoca. San Pablo afirma que la autoridad civil «no en vano lleva la espada» (Rom 13, 4). Santo Tomás precisa en la Suma que «por el pecado el hombre se aparta del orden de la razón; por eso decae de la dignidad humana» (IIa IIae, q.64, a.2). León XIII lo ratifica en Immortale Dei (1885). La noción de dignidad que emplea la Roma postconciliar no es evangélica sino kantiana: el hombre erigido como fin absoluto, vaciado de contenido moral.

Francisco declaró la pena capital «inadmisible en toda circunstancia» en 2018. León XIV hereda y proclama esa adulteración. La «secta del Vaticano II» no corrige sus errores: los profundiza. Los fieles que guardan el depósito de la fe han de mantenerse firmes en la enseñanza de siempre.

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