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El señuelo de lo “moderno”
La palabra solo significaba “lo de ahora”. Con el tiempo le cargaron otro sentido: progreso automático, velocidad obligatoria, lo que viene como superior a lo que ya es. Así se instaló la carrera: vivir mirando un horizonte que se aleja mientras se debilita el único terreno donde decides de verdad —este instante.
No es un accidente semántico. Una población orientada al próximo lanzamiento, al próximo salto, al próximo “avance” deja de auditar lo que construye hoy y lo que le extraen en el proceso. La prisa se vuelve virtud; la pausa, sospecha de atraso.
El relato oficial premia al que corre sin preguntar hacia dónde. El que recupera el presente deja de ser tan fácil de arrastrar con promesas de un mañana siempre incompleto.
Observa quién gana mientras sigues persiguiendo la siguiente versión de todo… y a quién le conviene que nunca habites el único punto donde aún tienes mando.

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